Ánade rabudo
Anas acuta
Pato de superficie estilizado y de cuello largo, con una silueta más fina que la de otras anátidas. El macho luce cabeza marrón chocolate, una franja blanca que sube por el lateral del cuello y una larguísima cola central puntiaguda. La hembra es parda y discreta, pero igualmente esbelta y elegante.
Estacionalidad en Los Villares
Hábitat
- Embalses
- Ríos y arroyos
- Campos de cultivo
Comportamiento
Pato nadador de aguas someras que se alimenta por filtrado en superficie y, sobre todo, haciendo el pino: bascula el cuerpo y sumerge cabeza y cuello para rebuscar semillas e invertebrados en el fondo, aprovechando su largo cuello para llegar más hondo que otros patos de superficie. Es muy migrador y recorre largas distancias entre las zonas de cría del norte y las de invernada. Fuera de la reproducción es gregario y se mezcla con otras anátidas en láminas de agua abiertas.
Canto
Especie poco vocal, sobre todo en invernada. El macho emite un silbido suave y aflautado, algo melancólico, mientras que la hembra produce un graznido ronco y descendente parecido al de otras hembras de pato, pero más nasal y apagado.
Dónde verla en la zona
- Lámina de agua del embalse del Quiebrajano en pasos e invierno
- Colas inundadas del embalse cuando bajan el nivel
- Balsas de riego y charcas del olivar al sur del pueblo
Identificación en campo
El ánade rabudo es uno de los patos de superficie más elegantes que pueden verse en la Sierra Sur, con una silueta inconfundible cuando se le observa con calma:
- Silueta esbelta y cuello largo: cuerpo alargado y porte estilizado, con un cuello fino y notablemente largo que lo separa a simple vista de cualquier ánade real o cuchara.
- Cola del macho: las dos plumas centrales se prolongan en una larga cola puntiaguda que da nombre a la especie y es visible tanto posado como en vuelo.
- Macho: cabeza marrón chocolate, franja blanca que asciende por el lateral del cuello hasta la nuca y flancos grises finamente vermiculados.
- Hembra: parda y discreta, con moteado fino, pero reconocible por su cuello largo, su perfil afilado y un pico gris azulado.
La hembra puede confundirse con hembras de otras anátidas, sobre todo con la del ánade real: hay que fijarse en la silueta más fina y alargada, el cuello más largo y la cola algo apuntada incluso en la hembra.
Calendario en Los Villares
Especie de presencia rara e irregular en Los Villares. Es un visitante escaso que solo aparece de forma esporádica durante los pasos y la invernada, sin un patrón fiable: hay inviernos en que se deja ver alguna vez en el embalse del Quiebrajano y otros en que no se cita en absoluto. Las observaciones se concentran de forma puntual entre noviembre y febrero, casi siempre coincidiendo con entradas de aves acuáticas empujadas por los temporales del norte.
Cuando aparece suele hacerlo en solitario o en grupos muy pequeños, frecuentemente mezclado con bandos de otras anátidas en la lámina del embalse. No cría ni inverna de forma estable en la zona, por lo que cada cita merece anotarse: es de esos patos que premian la paciencia de quien revisa con frecuencia las aguas abiertas en pleno invierno.
Conservación
A escala global, la UICN clasifica al ánade rabudo como de Preocupación menor (LC), dado lo extenso de su área de distribución por todo el Hemisferio Norte. En España es un invernante que arrastra un declive moderado de sus efectivos, según los seguimientos de aves acuáticas de SEO/BirdLife, vinculado a la presión sobre los humedales y a la mortalidad por ingestión de plomo de munición.
En la Sierra Sur de Jaén es solo un visitante raro del embalse del Quiebrajano, lejos de los grandes humedales de invernada del Guadalquivir. La medida más eficaz a nivel local es mantener tranquilas las colas y orillas del embalse durante el invierno, evitando molestias en las zonas de descanso y apoyando la sustitución definitiva de la munición de plomo por alternativas no tóxicas en el entorno de las láminas de agua.