Diecisiete especies nuevas y con esto se cierra el recorrido: 158 fichas. De lo que eBird registra en los hotspots del término solo quedan fuera dos aves, y por decisión propia: un estornino rosado divagante y un pato criollo doméstico, con una sola cita cada uno. Este último lote lo llena el agua —el martín pescador del arroyo de la Parrilla, el martinete y la garza imperial al atardecer sobre el Quiebrajano, y el porrón pardo, el pato más amenazado que puede asomar por aquí— junto a los grandes viajeros del otoño: la grulla, que cruza en bandos trompeteando sin llegar a posarse, y el mirlo capiblanco, que baja a los enebrales de la Pandera cuando aprieta el frío.
Aprovechando el cierre he cambiado también las destacadas de portada: se van el abejaruco y la oropéndola, que en septiembre ya están camino de África, y entran las aves de la temporada que empieza.