Críalo europeo
Clamator glandarius
Nombre local: Críalo
Cuco grande y vistoso con cresta gris característica, parasita los nidos de las urracas. Estival temprano: llega ya en febrero.
Estacionalidad en Los Villares
Hábitat
- Olivar
- Encinar
- Huertas
- Matorral mediterráneo
Rango altitudinal en la zona: 400–1200 m
Comportamiento
Parásito de cría especializado en urracas principalmente. La pareja distrae a las urracas mientras la hembra deposita huevos en el nido. Llega antes que el cuco común (febrero-marzo). Suele verse donde hay buenas poblaciones de urraca.
Canto
Graznido áspero, bisilábico y muy reconocible "kij-kij-kij…", diferente al del cuco. Vocaliza mucho en pleno cortejo en marzo-abril.
Dónde verla en la zona
- Olivares con muchas urracas en marzo-abril
- Encinares al amanecer
- Bordes con árboles altos
Identificación en campo
Cuco grande y llamativo. Adulto: cabeza gris pálida con cresta puntiaguda característica, dorso pardo oscuro con motas blancas muy visibles (parece un encaje), vientre crema, cola larga graduada con bordes blancos. Juvenil: capirote negro intenso y primarias rojizas que destellan en vuelo, lo que le hace inconfundible una vez detectado. Mucho más grande y vistoso que el cuco común.
Calendario en Los Villares
Estival precoz: es uno de los primeros migrantes en llegar, ya a finales de febrero y principios de marzo, antes que cuco común y otros estivales africanos. Se marcha pronto, en julio o principios de agosto, lo que le da una temporada reproductora compacta.
La cría se desarrolla entre marzo y junio, depositando huevos en nidos activos de urracas (parasitismo de cría). Los meses de marzo y abril son los óptimos para detectarlo por su canto y por verlo acosado por las urracas en olivares y encinares con buenas poblaciones de su hospedador. Su éxito reproductor depende directamente de la densidad de urracas locales.
Conservación
UICN lo cataloga como Preocupación menor y la población española —que alberga gran parte de la europea— es estable. Como parásito obligado de cría, su conservación depende paradójicamente de la de su principal víctima: la urraca, cuya persecución directa puntual puede repercutir en él. La reducción de grandes insectos y orugas en olivares por tratamientos químicos también limita el éxito de los volantones, que dependen de presas grandes para crecer. Mantener poblaciones sanas de urracas, conservar arbolado alto en olivares y moderar los tratamientos insecticidas son las medidas locales más relevantes para conservarlo.