Curruca zarcera
Sylvia communis
Curruca esbelta y de cola larga, con la garganta de un blanco muy destacado y un panel rufo en el ala cerrada. No cría en la Sierra Sur: se la ve de paso, moviéndose por zarzales y linderos entre abril y septiembre.
Estacionalidad en Los Villares
Hábitat
- Matorral mediterráneo
- Bordes de camino
- Ríos y arroyos
Rango altitudinal en la zona: 500–1300 m
Comportamiento
Migrante transahariana que cría en la mitad norte peninsular y solo atraviesa la Sierra Sur en los pasos. Se mueve inquieta por el interior de zarzales, bardales y matorral alto, y suele delatarse con un chasquido áspero antes de asomar. En primavera come casi solo insectos, pero en el paso otoñal incorpora moras y frutos carnosos, lo que la concentra en las zarzas de los arroyos. Algún macho en paso primaveral canta desde una rama expuesta y hace vuelos cortos y ascendentes de exhibición, un resto del comportamiento territorial que desplegará más al norte.
Canto
Canto breve y atropellado, una frase rasposa de tres o cuatro segundos que arranca titubeante y se acelera en un parloteo alegre, siempre desde el borde de una zarza. El reclamo de alarma es un "tchek-tchek" seco y repetido, más áspero que el de la curruca capirotada, que acaba en un carraspeo prolongado cuando algo la inquieta.
Dónde verla en la zona
- Zarzales del arroyo de la Parrilla en abril y en septiembre
- Linderos de matorral entre los olivares al sur del pueblo
- Bardales y setos de la subida a la Sierra de la Pandera
Identificación en campo
Curruca de tamaño medio y aspecto estirado, más larga de cola y menos compacta que las currucas que crían en la zona. Conviene fijarse en el contraste de la garganta, que es el rasgo que la vende a distancia:
- Garganta: blanco puro, muy limpia y destacada contra el pecho, que en el macho tiene un lavado rosa vinoso apenas perceptible.
- Alas: panel castaño rojizo bien marcado en las plumas de vuelo, visible tanto posada como en vuelo corto.
- Cabeza: gris ceniza en el macho adulto, con anillo ocular claro; pardo apagado en la hembra y en los juveniles de otoño.
- Cola: larga y con frecuencia algo levantada, con las plumas exteriores blancas que se ven al abrirla en los vuelos entre matas.
Los juveniles de paso otoñal carecen del gris de la cabeza y son enteramente pardos, lo que complica la identificación. La confusión más probable en Los Villares es con la curruca mirlona occidental, bastante mayor y con el ojo pálido, y con la curruca carrasqueña occidental, de cola más corta, garganta rosada y babero blanco en el bigote.
Calendario en Los Villares
Especie de paso, presente solo en dos ventanas estrechas: abril y mayo en el viaje hacia el norte, y agosto y septiembre en el regreso a África. No cría en el término ni inverna, y entre junio y julio está completamente ausente, cuando sus poblaciones ocupan los matorrales de la meseta y la cornisa cantábrica.
El paso otoñal es bastante más notorio que el primaveral porque llegan también los juveniles del año y porque las zarzas de los arroyos con mora madura los retienen varios días. En primavera, en cambio, la mayoría atraviesa la sierra sin detenerse.
Conservación
Su estado global es de Preocupación menor, pero el programa SACRE de SEO/BirdLife registra un declive moderado en España, y el PECBMS confirma la caída en el conjunto de Europa por la pérdida de setos, bardales y márgenes de matorral en el campo agrícola. En la Sierra Sur no se juega su reproducción, pero sí su descanso migratorio: los desbroces de linderos y la limpieza de los cauces retiran justo la estructura de zarzal que necesita para reponer reservas. Retrasar los desbroces de setos hasta octubre y dejar las zarzas de los márgenes del arroyo de la Parrilla sin tocar durante el paso es una medida barata y de efecto inmediato.