Garza imperial
Ardea purpurea
La garza más esbelta y oscura de las que pueden verse en el término, con el cuello rojizo rayado de negro y un vuelo pesado de alas anchas. Visita el embalse del Quiebrajano en los meses cálidos, siempre de forma escasa.
Estacionalidad en Los Villares
Hábitat
- Embalses
- Ríos y arroyos
Rango altitudinal en la zona: 400–900 m
Comportamiento
Caza al acecho entre el carrizo, con el cuello desplegado en un movimiento lentísimo antes de lanzar el picotazo sobre peces, anfibios, culebras de agua e insectos grandes. Es más esquiva que la garza real y prefiere permanecer dentro de la vegetación palustre en lugar de exponerse en las orillas abiertas. Cría en colonias sobre carrizales densos, donde construye una plataforma de cañas a poca altura sobre el agua. En vuelo lleva el cuello recogido en la característica quilla de las garzas y las patas muy sobresalientes por detrás de la cola.
Canto
Emite un graznido ronco y descendente, un "krank" áspero y algo estrangulado que suelta al levantarse o al pasar en vuelo, más agudo y menos rotundo que el de la garza real. En las colonias produce además arrullos guturales y castañeteos de pico, un repertorio que no llega a oírse en la Sierra Sur porque aquí no se reproduce.
Dónde verla en la zona
- Carrizales y colas del embalse del Quiebrajano de abril a septiembre
- Remansos con espadaña y carrizo del arroyo de la Parrilla
- Sobrevuelos al atardecer sobre los olivares camino del embalse
Identificación en campo
Garza grande pero mucho más estilizada que la garza real, con una silueta característicamente delgada y serpentina. La impresión general en el campo es de un ave notablemente oscura, sin el gris claro y el blanco de su parienta común:
- Cuello: rufo canela con dos líneas negras longitudinales bien marcadas a los lados, el rasgo más diagnóstico a media distancia.
- Cuerpo: dorso gris pizarra oscuro y vientre castaño vinoso, sin zonas blancas.
- Cabeza: píleo negro con plumas nucales largas y estrechas, y una corona aplastada que refuerza el aspecto de cabeza fina.
- Pico: muy largo, afilado y amarillento, más estilizado que el de la garza real.
- Patas y dedos: larguísimos, con los dedos desproporcionados que le permiten caminar sobre la vegetación flotante.
Los juveniles son de un pardo canela mucho más uniforme y carecen de las líneas negras del cuello, lo que los hace fáciles de confundir. La comparación obligada es con la garza real, más voluminosa, gris clara y con la cabeza blanca, y con el martinete común, muy inferior en tamaño y con corona negra sobre cuerpo blanco.
Calendario en Los Villares
Especie estival, presente entre abril y septiembre. Es una migrante transahariana que abandona por completo el interior peninsular en invierno; las aves que aparecen en el Quiebrajano proceden en su mayoría de las colonias del bajo Guadalquivir y llegan en dispersión posreproductora, sobre todo entre julio y septiembre.
De octubre a marzo está ausente del término. Se detecta con más facilidad al amanecer y al atardecer, cuando se desplaza entre zonas de alimentación y cruza volando sobre los olivares con ese aleteo lento y profundo que la delata mucho antes de poder ver el color del cuello.
Conservación
La UICN la considera de Preocupación menor a escala mundial, pero en España está catalogada como Vulnerable y la tendencia europea que documenta el PECBMS es negativa: es una especie estrechamente atada al carrizal, y los carrizales son de los hábitats que más han retrocedido en la península. Los censos de ardeidas coloniales de SEO/BirdLife muestran una población andaluza concentrada en muy pocas localidades, lo que la hace frágil ante cualquier episodio de sequía o de gestión hidráulica desafortunada. En el Quiebrajano lo determinante es el nivel del agua: los descensos bruscos en verano dejan el carrizo en seco justo cuando estas aves lo usan. Evitar oscilaciones fuertes del embalse en los meses de estío y mantener sin desbrozar las orillas de las colas es la aportación local posible.