Aves de Los Villares

Grulla común

Grus grus

Gruiformes · Gruidae Raro UICN LC · Preocupación menor
Foto de Grulla común
Foto: Andreas Eichler (CC BY-SA 4.0) — Wikimedia Commons
Tamaño
100–130 cm
Envergadura
180–240 cm
Peso
4500–6100 g

El ave más grande que puede verse sobre Los Villares, de cuello y patas larguísimos y un trompeteo que se oye antes de distinguir los bandos. No se detiene en el término: lo cruza en formación camino de las dehesas.

Estacionalidad en Los Villares

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Residente Estival Invernante De paso Raro Ausente

Hábitat

  • Cielo abierto
  • Campos de cultivo

Rango altitudinal en la zona: 400–1800 m

Comportamiento

Migra en bandos ruidosos que vuelan en V o en línea, con el cuello estirado hacia delante y las patas extendidas atrás, aprovechando las térmicas para ganar altura y planear después largos tramos. Inverna en dehesas y campos de regadío del oeste peninsular, donde come bellotas, granos y raíces en grandes concentraciones. Es longeva, monógama y muy fiel tanto a sus zonas de invernada como a las rutas migratorias, que transmite de generación en generación. Las familias mantienen la cohesión durante todo el invierno, con los jóvenes acompañando a los adultos.

Canto

Trompeteo metálico y resonante, un "kruu-kruu" potente que se propaga kilómetros y que en un bando numeroso se convierte en un clamor inconfundible. Es el sonido que delata su paso mucho antes de que los bandos sean visibles, especialmente en noches despejadas de noviembre, cuando cruzan a gran altura sobre la sierra sin que pueda verse nada.

Elias A. Ryberg (CC BY-NC-ND 4.0) — xeno-canto XC988172 · ver grabación ↗

Dónde verla en la zona

  • Cielos abiertos sobre el pueblo en tardes de octubre y noviembre
  • Miradores de la Sierra de la Pandera, con horizonte amplio al oeste
  • Campos de cultivo del entorno, en descansos excepcionales por mal tiempo

Identificación en campo

No hay confusión posible en cuanto al tamaño: es un ave enorme, con casi dos metros y medio de envergadura, que en vuelo recuerda a una cigüeña pero con una silueta más alargada y elegante. Lo habitual en el término es verla alta y en formación:

  • Silueta en vuelo: cuello completamente estirado hacia delante y patas sobresaliendo largamente por detrás de la cola, lo que da una cruz muy alargada.
  • Plumaje: gris ceniza uniforme, con las plumas de vuelo más oscuras y un penacho de plumas caídas sobre la cola que parece un plumero.
  • Cabeza: negra y blanca, con una franja blanca que baja por el lateral del cuello y una mancha roja desnuda en la coronilla, visible solo de cerca.
  • Vuelo: aleteo lento y profundo, con planeos largos y frecuentes ascensos en círculo aprovechando las térmicas.

Los juveniles tienen la cabeza enteramente parda, sin el diseño blanco y negro ni la mancha roja. La confusión posible es con la cigüeña blanca, que vuela también con el cuello estirado pero es blanca con las alas negras y tiene el pico rojo, y a gran distancia con bandos de ánsares, de cuello mucho más corto y grueso.

Calendario en Los Villares

Especie de paso, presente en dos ventanas migratorias: octubre y noviembre en el viaje hacia el suroeste y febrero y marzo en el regreso hacia el norte de Europa. No cría ni inverna en el término, y entre abril y septiembre está por completo ausente, cuando sus poblaciones ocupan las turberas de Escandinavia y del Báltico.

En diciembre y enero puede aparecer de forma irregular algún bando desplazado por olas de frío que empujan a las aves invernantes más al sur de lo habitual. Los pasos se detectan casi siempre por el oído y a gran altura: las grullas atraviesan la Sierra Sur camino de las dehesas extremeñas y de Andalucía occidental, y salvo temporal muy duro no toman tierra en la comarca.

Conservación

La UICN la clasifica como de Preocupación menor y su historia reciente en España es una de las más alentadoras del catálogo: la población invernante ha pasado de unas decenas de miles a más de doscientos mil ejemplares desde los años ochenta, según los censos coordinados por SEO/BirdLife, gracias a la protección de los grandes dormideros y a la abundancia de rastrojos de maíz. La amenaza se ha desplazado del disparo a la infraestructura: la colisión con tendidos eléctricos y con aerogeneradores es hoy la primera causa de mortalidad no natural en las rutas migratorias. Señalizar con salvapájaros los tendidos que cruzan los pasos de la Sierra Sur y anotar las fechas y rumbos de los bandos que sobrevuelan el pueblo son las dos cosas útiles que pueden hacerse desde aquí.