Aves de Los Villares

Lavandera boyera

Motacilla flava

Passeriformes · Motacillidae Raro UICN LC · Preocupación menor
Foto de Lavandera boyera
Foto: Charles J. Sharp (CC BY-SA 4.0) — Wikimedia Commons
Tamaño
15–16 cm
Envergadura
23–27 cm
Peso
16–22 g

La lavandera amarilla del campo abierto, más ligada a prados húmedos y cultivos que al agua corriente. A diferencia de sus dos parientes del término, abandona la comarca en invierno para cruzar a África.

Estacionalidad en Los Villares

E
F
M
A
M
J
J
A
S
O
N
D
Residente Estival Invernante De paso Raro Ausente

Hábitat

  • Ríos y arroyos
  • Campos de cultivo
  • Embalses

Rango altitudinal en la zona: 400–1100 m

Comportamiento

Camina y corre por el suelo entre la hierba baja, cazando insectos que espanta con su propio avance, y a menudo sigue al ganado y a la maquinaria agrícola para aprovechar los que salen huyendo. Balancea la cola arriba y abajo sin descanso, como todas las lavanderas, aunque de forma menos marcada que la cascadeña. Nidifica en el suelo, oculto entre la vegetación de prados y cultivos, lo que la vuelve muy sensible a las siegas tempranas. En migración forma bandos que descansan en herbazales y orillas encharcadas y duermen en carrizales, a veces por centenares.

Canto

Reclamo característico en vuelo, un "psiiip" o "tsli" ascendente y algo áspero, más grueso y menos silbado que el de la lavandera blanca. El canto es un gorjeo simple y entrecortado, sin apenas desarrollo, que el macho emite desde una mata, un poste o un terrón elevado en los prados donde se instala a criar.

Stanislas Wroza (CC BY-NC-SA 4.0) — xeno-canto XC1168415 · ver grabación ↗

Dónde verla en la zona

  • Prados húmedos y herbazales de las colas del embalse del Quiebrajano
  • Orillas encharcadas y graveras del arroyo de la Parrilla
  • Campos de cultivo recién regados o labrados en abril y en septiembre

Identificación en campo

Es la tercera lavandera del catálogo y la más amarilla de las tres, además de la única que no está aquí en invierno. La clave está en la longitud de la cola y en el diseño de la cabeza, que además varía según la subespecie:

  • Partes inferiores: amarillo vivo y extenso, que cubre el pecho y el vientre por completo en los machos primaverales.
  • Dorso: verde oliváceo, sin el gris limpio de la lavandera cascadeña.
  • Cola: claramente más corta que en las otras dos lavanderas, lo que le da un aspecto compacto y menos estilizado.
  • Cabeza: en los machos ibéricos, gris azulado con una lista superciliar blanca bien marcada y la garganta blanquecina; las aves de otras subespecies que pasan en migración pueden tener la cabeza gris oscura, verdosa o casi negra.
  • Patas: negras, un detalle útil frente a otras lavanderas de patas más claras.

Las hembras y los juveniles son mucho más apagados, con el amarillo reducido al bajo vientre y un tono pardo verdoso general. La confusión principal es con la lavandera cascadeña, que tiene la cola mucho más larga, el dorso gris puro y una garganta negra en primavera, y que además es residente en los arroyos del término.

Calendario en Los Villares

Especie estival y de paso. Los primeros ejemplares aparecen en marzo, con un paso prenupcial que se prolonga hasta abril; entre mayo y julio se quedan las aves que crían en los prados y cultivos húmedos de la comarca, siempre en números cortos; y en agosto y septiembre vuelve a notarse el paso, ahora con los juveniles del año, camino del Sahel.

De octubre a febrero está completamente ausente: es la única lavandera del término que migra a África, mientras la blanca y la cascadeña permanecen todo el invierno. Los mejores días para verla son los de paso otoñal, cuando los bandos se detienen en las orillas encharcadas del embalse y en los campos recién regados.

Conservación

Su estado global es de Preocupación menor, pero el programa SACRE de SEO/BirdLife registra un declive acusado en España y el PECBMS lo confirma a escala europea: es una de esas aves de medio agrícola que están pagando la intensificación del campo. El problema es de calendario más que de superficie: nidifica en el suelo entre la vegetación, y las siegas y cosechas cada vez más tempranas arrasan las puestas antes de que los pollos vuelen. En Los Villares la clave está en los pocos prados húmedos y en las orillas del Quiebrajano que aún se encharcan: retrasar la siega de esos herbazales hasta julio y mantener sin desecar los encharcamientos temporales del entorno del embalse permitiría que las parejas que lo intentan lleguen a sacar los pollos.