Aves de Los Villares

Martinete común

Nycticorax nycticorax

Pelecaniformes · Ardeidae Raro UICN LC · Preocupación menor
Foto de Martinete común
Foto: Tisha Mukherjee (CC BY-SA 4.0) — Wikimedia Commons
Tamaño
58–65 cm
Envergadura
90–100 cm
Peso
500–800 g

Garza nocturna de cuerpo blanco, dorso gris y una corona negra que le llega hasta los ojos rojos. Pasa el día escondido en la arboleda de ribera y sale a pescar al crepúsculo, cuando su graznido delata el vuelo.

Estacionalidad en Los Villares

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Residente Estival Invernante De paso Raro Ausente

Hábitat

  • Ríos y arroyos
  • Embalses

Rango altitudinal en la zona: 400–900 m

Comportamiento

Es la más nocturna de las garzas ibéricas: pasa las horas de luz inmóvil y agazapado entre el ramaje de sauces y álamos, y solo al caer la tarde se desplaza a las orillas para pescar al acecho peces, anfibios, cangrejos e insectos acuáticos. Cría en colonias, con frecuencia mezcladas con garcillas y garzas, sobre arboledas inundadas o carrizales densos. Su vuelo es corto y batido, con las alas anchas y redondeadas y el cuello completamente recogido, lo que le da una silueta rechoncha muy distinta de la de las demás garzas. En el interior de Jaén no forma colonias: los ejemplares que se ven son aves en dispersión o en paso.

Canto

Su nombre popular en muchos sitios viene del reclamo: un "cuac" ronco, seco y muy sonoro que suelta en vuelo al anochecer, tan característico que basta para identificarlo sin verlo. Repetido a intervalos irregulares mientras cruza el valle camino de las zonas de pesca. En las colonias añade ronquidos y castañeteos, pero ese repertorio no llega a oírse aquí.

Pedro Rinaldi (CC BY-NC-SA 4.0) — xeno-canto XC1067625 · ver grabación ↗

Dónde verla en la zona

  • Arboleda de ribera del arroyo de la Parrilla, al atardecer
  • Colas del embalse del Quiebrajano en las últimas horas de luz
  • Sobrevuelos crepusculares sobre los olivares camino del agua

Identificación en campo

Garza de tamaño medio y proporciones inconfundibles: cuello corto y recogido, cabeza grande y patas relativamente cortas, un conjunto rechoncho que no se parece a ninguna otra ardeida del término. El adulto es muy contrastado:

  • Corona y dorso: negro azulado brillante en la coronilla y la espalda, que baja hasta la altura de los ojos.
  • Alas y cola: gris ceniza claro, en marcado contraste con el negro del dorso.
  • Partes inferiores: blanco sucio, limpias y sin marcas.
  • Ojo: rojo intenso y grande, adaptado a la actividad crepuscular; es el rasgo que más impresiona de cerca.
  • Plumas nucales: dos o tres plumas blancas largas y finas que caen sobre la espalda en plumaje nupcial.
  • Patas: amarillas fuera de la cría, que se vuelven rosadas o rojizas en celo.

Los juveniles son completamente distintos y causan casi todos los errores: pardos oscuros, densamente cubiertos de gruesas gotas y estrías blanquecinas, con el ojo naranja. En ese plumaje pueden confundirse con la garcilla cangrejera joven, más pequeña y de alas blancas, y con el avetorillo. El adulto no tiene competencia: la combinación de corona negra, dorso gris y vientre blanco es única.

Calendario en Los Villares

Especie estival, presente de abril a agosto con paso en marzo y en septiembre. Es migrante transahariana y abandona por completo la comarca en invierno, aunque en Andalucía occidental quedan algunos invernantes en las marismas. Las aves que se detectan aquí vienen de las colonias del Guadalquivir y hacen escala o se dispersan por las cuencas del interior.

La detección depende casi por entero de la hora: buscarlo al mediodía es perder el tiempo, porque está inmóvil dentro de la arboleda. La franja buena es la media hora anterior y posterior al anochecer, cuando cruza en vuelo bajo sobre el agua lanzando su graznido. En septiembre se ven sobre todo juveniles en dispersión.

Conservación

Su estado global es de Preocupación menor, pero en España está catalogado como de Interés Especial y los censos de ardeidas coloniales de SEO/BirdLife muestran una población fragmentada en muy pocas colonias, todas ellas dependientes de dos cosas: agua con anfibios y peces pequeños, y arboledas de ribera maduras donde pasar el día y nidificar. El PECBMS refleja un retroceso europeo asociado a la desaparición de los bosques de ribera y a la contaminación de los cauces. En Los Villares no hay colonia que proteger, pero sí refugios diurnos: la arboleda de sauces y álamos del arroyo de la Parrilla es exactamente lo que un martinete en paso necesita. Mantener esos árboles viejos en pie y evitar la iluminación artificial de las orillas del embalse es la contribución local más directa.