Aves de Los Villares

Mosquitero papialbo

Phylloscopus bonelli

Passeriformes · Phylloscopidae Raro UICN LC · Preocupación menor
Foto de Mosquitero papialbo
Foto: Kookaburra 81 (CC BY-SA 4.0) — Wikimedia Commons
Tamaño
10.5–11.5 cm
Envergadura
17–19 cm
Peso
6–9 g

El mosquitero que cría en la sierra: pequeño, pálido y de aspecto limpio, con la garganta muy blanca y un tono verde amarillento en las alas. Está aquí solo en los meses cálidos, al contrario que su pariente el mosquitero común.

Estacionalidad en Los Villares

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Residente Estival Invernante De paso Raro Ausente

Hábitat

  • Pinar
  • Encinar
  • Matorral mediterráneo

Rango altitudinal en la zona: 700–1700 m

Comportamiento

Insectívoro incansable que rebusca en el ramaje de pinos, encinas y quejigos, con movimientos rápidos y frecuentes cernidos para arrancar presas del envés de las hojas. Es más arbóreo y más ligado al bosque de montaña que el mosquitero común, y ocupa las laderas de pinar y encinar por encima del olivar. El macho canta desde las ramas medias y altas, con un vuelo territorial corto y ondulado. Nidifica en el suelo, en un nido esférico de hierbas escondido bajo la vegetación o en un talud, y en agosto los grupos familiares se mezclan con carboneros y herrerillos en bandos mixtos antes de partir hacia el Sahel.

Canto

Canto muy distintivo y fácil de aprender: una frase corta y monótona de notas iguales y algo cascadas, un "sip-sip-sip-sip" que se acelera ligeramente y se apaga al final, sin la escala descendente del mosquitero común ni el trino final del papialbo del norte. El reclamo es un "chuii" o "huit" disílabo y ascendente, aflautado y suave, muy parecido al del mosquitero musical.

Gonzalo Peña (CC BY-NC-SA 4.0) — xeno-canto XC914737 · ver grabación ↗

Dónde verla en la zona

  • Pinares y quejigares de la Sierra de la Pandera de abril a julio
  • Encinares de ladera por encima de la cota del olivar
  • Bordes de pinar con matorral en la subida a las cumbres

Identificación en campo

Mosquitero pequeño y de aspecto notablemente pálido y limpio, sin el tono verde-oliváceo apagado del mosquitero común. Los tres mosquiteros del catálogo se separan mejor por el canto que por la vista, pero hay rasgos aprovechables:

  • Garganta y pecho: blanco puro y muy limpio, sin el lavado amarillento o parduzco de sus congéneres; es el carácter que le da el nombre.
  • Alas y rabadilla: panel verde amarillento vivo que contrasta con el pardo grisáceo del dorso y de la cabeza.
  • Cara: lista superciliar clara y poco definida, con la zona del ojo pálida y una expresión de aspecto sorprendido.
  • Patas: pardo claro o carne, no negruzcas como en el mosquitero común.
  • Proporciones: aspecto de cabeza redondeada y cola corta, con las alas relativamente largas.

La confusión principal es con el mosquitero común, que es invernante aquí, tiene las patas oscuras y un aspecto general más sucio y pardo, y con el mosquitero musical, migrante de paso, mayor, con proyección alar más larga y el pecho amarillento. El criterio más seguro es la estación: entre abril y julio en el pinar de la sierra, el mosquitero que canta es este.

Calendario en Los Villares

Especie estival, presente entre marzo y septiembre. Es una migrante transahariana que llega a la sierra a finales de marzo, cría en los pinares y encinares de altura entre mayo y julio, y desaparece en septiembre camino del Sahel. De octubre a febrero está ausente, y su hueco lo ocupa el mosquitero común, que llega justo entonces desde el norte de Europa.

Ese relevo estacional entre los dos mosquiteros es uno de los ciclos más elegantes del calendario local: nunca coinciden en abundancia, y saber en qué mes estamos resuelve casi siempre la identificación. Los mejores meses para oírlo cantar son mayo y junio, en las laderas de pinar de la Pandera.

Conservación

Su estado global es de Preocupación menor y España acoge una parte muy sustancial de la población mundial, ya que se trata de un endemismo prácticamente ibérico y magrebí; el programa SACRE de SEO/BirdLife lo sitúa entre las especies forestales con tendencia estable o ligeramente positiva, uno de los pocos buenos datos entre los migrantes transaharianos. Eso le da a la Sierra Sur una responsabilidad concreta: los pinares y quejigares de la Pandera son hábitat de cría de una especie que apenas vive en otro sitio. Los riesgos locales son el incendio forestal y los tratamientos insecticidas contra plagas, que le retiran el alimento en plena crianza. Mantener el sotobosque donde nidifica en el suelo y renunciar a los tratamientos químicos masivos en el pinar es lo más útil que puede hacerse aquí.