Picogordo común
Coccothraustes coccothraustes
Fringílido rechoncho de cabeza grande y enorme pico cónico gris azulado, capaz de cascar huesos de cereza. Plumaje pardo-anaranjado con una llamativa barra alar blanca; es el mayor y más robusto de nuestros pinzones.
Estacionalidad en Los Villares
Hábitat
- Encinar
- Pinar
- Olivar
- Huertas
Comportamiento
Fringílido robusto y discreto que vive en las copas de los árboles, donde pasa fácilmente desapercibido pese a su tamaño. Su pico desproporcionado ejerce una presión enorme y le permite cascar huesos de cereza, endrinas y aceitunas para llegar a la semilla. Es tímido y receloso; se deja ver mejor en invierno, cuando baja a alimentarse a frutales y forma pequeños grupos poco ruidosos.
Canto
Poco vocal y difícil de oír. Emite un reclamo metálico y cortante, un "tzik" o "tic" seco y explosivo, a menudo en vuelo o lanzado desde lo alto de un árbol. Su canto, raro y entrecortado, apenas se percibe.
Dónde verla en la zona
- Encinares y bosquetes maduros de la Sierra de la Pandera
- Sotos y árboles añosos del arroyo de la Parrilla y el entorno del Quiebrajano
- Olivares viejos con cerezos y otros frutales dispersos
Identificación en campo
El picogordo es el fringílido más voluminoso de Los Villares, y basta verle el perfil para reconocerlo. Sus rasgos diagnósticos:
- Pico enorme: cónico, masivo y de un característico tono gris azulado en primavera (pardo cuerno en invierno). Es la marca más inconfundible de la especie y le da nombre.
- Cabeza grande: desproporcionada respecto al cuerpo, de tono pardo-anaranjado cálido, con un babero negro pequeño bajo el pico.
- Barra alar blanca: ancha y muy visible tanto posado como en vuelo, contrasta con el ala negra de reflejos azulados.
- Cola corta: rematada en blanco, que junto a la cabeza voluminosa le da una silueta achaparrada y de aspecto “pesado”.
A distancia y a contraluz, su silueta puede recordar a otros fringílidos como el pinzón vulgar o el verderón, pero el tamaño superior, la cabezota y el pico descomunal lo delatan en cuanto se aprecian bien.
Calendario en Los Villares
Especie residente todo el año, aunque escasa y siempre ligada al bosque maduro. Cría de abril a junio en encinares, sotos y arboledas viejas, donde su discreción en las copas hace que pase casi siempre inadvertido pese a estar presente durante toda la primavera y el verano.
Es en invierno cuando resulta más detectable: con el frío baja a alimentarse a frutales, cerezos y olivares con arbolado disperso, y entonces es más fácil sorprenderlo en pequeños grupos cascando huesos y semillas. La población local puede reforzarse en esos meses con ejemplares de zonas más altas o norteñas.
Conservación
Catalogado como de Preocupación menor (LC) por la UICN, el picogordo no afronta amenazas globales relevantes. En España es un residente discreto y de distribución dispersa; los datos del programa SACRE de SEO/BirdLife apuntan a una población estable pero difícil de censar por su carácter esquivo y forestal.
En la Sierra Sur de Jaén su presencia está estrechamente ligada a la conservación del arbolado maduro y de los frutales tradicionales: encinares y sotos viejos le ofrecen refugio y cría, mientras los cerezos y olivares añosos son su despensa invernal. Mantener bosquetes maduros, respetar el arbolado disperso en el olivar y conservar los viejos frutales del entorno es la mejor medida para asegurar que esta ave singular siga formando parte del paisaje de Los Villares.