Reyezuelo listado
Regulus ignicapilla
Nombre local: Reyezuelo
El ave más pequeña de Europa. Diminuto, hiperactivo y de coloración vistosa: lista superciliar blanca, banda negra ocular y corona naranja-amarilla en el macho.
Estacionalidad en Los Villares
Hábitat
- Pinar
- Encinar
- Jardines
Rango altitudinal en la zona: 600–1800 m
Comportamiento
Vive en lo alto de las coníferas y encinas, donde busca insectos diminutos en el extremo de las ramas. Hiperactivo, casi no se está quieto. Se asocia a grupos mixtos en invierno con páridos.
Canto
Reclamo agudísimo "zii-zii-zii" muy fino y continuo, difícil de oír para quien tenga sordera leve en frecuencias altas. Canto similar pero terminado en una nota algo más grave.
Dónde verla en la zona
- Pinares de la Sierra de la Pandera
- Encinares maduros en altura media
- Jardines del pueblo con cipreses o pinos
Identificación en campo
Increíblemente pequeño (9-10 cm, menos que un colibrí). Dorso verde oliva con dos barras alares blancas, vientre blanquecino. Cabeza con lista superciliar blanca, banda ocular negra y corona brillante: naranja en el macho, amarilla en la hembra. Compárese con el reyezuelo sencillo (Regulus regulus), menos común en la sierra, que carece de listas claras en la cara y de banda negra ocular.
Calendario en Los Villares
Residente todo el año en pinares, encinares maduros y jardines con cipreses o coníferas grandes. La cría se concentra entre abril y julio, con dos puestas anuales en nidos diminutos colgados de ramas finas de coníferas —puestas de 7-11 huevos proporcionalmente enormes en un nido del tamaño de una nuez.
En otoño e invierno se asocia a los grupos mixtos con carboneros, herrerillos, mitos y agateadores, recorriendo coníferas y encinares en busca de insectos diminutos. Su reclamo agudísimo “zii-zii-zii” es difícil de oír si se tiene cierta pérdida auditiva en frecuencias altas, pero delata al grupo entero antes de que se vea.
Conservación
UICN lo cataloga como Preocupación menor, pero como especie ligada a pinares es especialmente sensible a los incendios forestales recurrentes en el sur peninsular y al cambio climático, que ya está empujando su distribución hacia cotas más altas en las sierras mediterráneas. Las olas de frío extremo también provocan mortandades puntuales por su pequeño tamaño y necesidad energética constante. Conservar masas de pinares maduros, prevenir incendios y mantener cipreses y coníferas grandes en jardines son las medidas con más impacto local para su población residente.