Aves de Los Villares

Tarabilla norteña

Saxicola rubetra

Passeriformes · Muscicapidae Raro UICN LC · Preocupación menor
Foto de Tarabilla norteña
Foto: Friedhelm Schnurbus (CC BY-SA 3.0) — Wikimedia Commons
Tamaño
12–14 cm
Envergadura
21–24 cm
Peso
13–23 g

Prima migratoria de la tarabilla común, reconocible por la ancha lista blanca sobre el ojo y el pecho de un naranja cálido. Cruza el término dos veces al año camino del Sahel y de los prados del norte de Europa.

Estacionalidad en Los Villares

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Residente Estival Invernante De paso Raro Ausente

Hábitat

  • Campos de cultivo
  • Bordes de camino
  • Matorral mediterráneo

Rango altitudinal en la zona: 500–1500 m

Comportamiento

Caza al acecho desde posaderos bajos y bien expuestos, como una mata, un tallo seco o un poste de alambrada, lanzándose al suelo sobre insectos y regresando a la misma percha. Sacude la cola y flexiona las patas con un movimiento nervioso característico cuando algo la inquieta. Nidifica en el suelo, entre la vegetación densa de prados húmedos y brezales del centro y norte de Europa, y aquí solo se detiene a alimentarse en los pasos. En migración es solitaria o aparece en grupos muy laxos, y ocupa herbazales, barbechos y linderos con vegetación alta donde encuentra suficientes posaderos.

Canto

Reclamo seco y chasqueante, un "tec-tec" o "iu-tec-tec" que combina un silbido corto y descendente con dos chasquidos, muy parecido al de la tarabilla común pero algo más suave y menos metálico. El canto del macho es un gorjeo breve y variado, con notas raspadas e imitaciones, que en el término apenas se oye porque las aves de paso rara vez cantan.

Cyrille Frey (CC BY-NC-SA 4.0) — xeno-canto XC1004373 · ver grabación ↗

Dónde verla en la zona

  • Alambradas y postes de linderos entre cultivos en abril y septiembre
  • Herbazales y barbechos del entorno del pueblo durante el paso otoñal
  • Matorral bajo con tallos secos en la subida a la Sierra de la Pandera

Identificación en campo

Pájaro pequeño y compacto, de postura erguida en lo alto de una mata, con el mismo aire que la tarabilla común pero con un diseño facial mucho más marcado. La lista sobre el ojo es lo primero que hay que buscar:

  • Lista superciliar: ancha, blanca y muy destacada, que recorre el ojo de lado a lado; es el rasgo diagnóstico frente a la tarabilla común.
  • Pecho y garganta: naranja anaranjado cálido que se extiende por el pecho, más intenso en el macho primaveral.
  • Cabeza: antifaz pardo oscuro contrastado, con una segunda lista blanca en el bigote que le da un aspecto rayado.
  • Cola: base con dos manchas blancas a los lados, visibles al levantar el vuelo y ausentes en la tarabilla común.
  • Dorso: pardo con estrías oscuras, de aspecto más escamado y jaspeado que en su congénere.

Las hembras y los juveniles son más apagados y con la lista superciliar menos nítida, pero conservan las manchas blancas de la base de la cola. La confusión constante es con la tarabilla común, residente en el término, cuyo macho tiene la cabeza enteramente negra y un collar blanco en los lados del cuello, sin lista sobre el ojo; también hay que descartar la collalba gris en paso, mayor y con la cola blanca y negra muy contrastada.

Calendario en Los Villares

Especie de paso, presente en dos ventanas: abril y mayo en el viaje hacia el norte, y de agosto a octubre en el regreso a África, con septiembre como mes más notorio. No cría ni inverna en el término, y entre junio y julio está por completo ausente, criando en los prados húmedos del centro y norte de Europa.

El paso otoñal es más largo y más fácil de detectar que el primaveral, porque se suma la cohorte de juveniles del año y porque las aves se demoran varios días en los herbazales y barbechos donde encuentran insectos. La técnica de búsqueda es sencilla: recorrer alambradas y linderos con la vista, porque siempre se posa en lo más alto y expuesto.

Conservación

Su estado global es de Preocupación menor, pero es una de las aves de medio agrícola con peor tendencia en Europa: el PECBMS documenta un colapso de las poblaciones centroeuropeas y el programa SACRE de SEO/BirdLife registra en España un declive muy acusado, hasta el punto de que su área de cría peninsular se ha reducido a enclaves de montaña del norte. La causa es la desaparición de los prados de siega tardía y su sustitución por praderas intensivas que se cortan antes de que vuelen los pollos. En Los Villares no se juega su reproducción, pero sí la calidad de sus escalas migratorias: necesita herbazales con insectos y posaderos donde acechar. Retrasar el desbroce de linderos y cunetas hasta después de octubre y conservar las alambradas y postes viejos de los caminos es aquí una ayuda directa y de coste nulo.